La arquitectura del odio

Anatomía de una campaña digital contra Argentina

En diciembre de 2022, Lionel Messi levantó la Copa del Mundo y fue celebrado mucho más allá de las fronteras argentinas. Cuatro años después, una parte significativa de la conversación digital lo presentaba como el beneficiario de un sistema corrupto y a la Selección argentina como el villano del fútbol internacional. Ese cambio no puede explicarse únicamente como una reacción espontánea de hinchas rivales: la evidencia disponible muestra intervenciones deliberadas, campañas organizadas, contenido manipulado y operaciones diseñadas para instalar y legitimar una misma narrativa.


En diciembre de 2022, Lionel Messi levantó la Copa del Mundo en Lusail.

Argentina había empatado 3-3 con Francia y se impuso 4-2 en la definición por penales. Era su tercer título mundial y el primero de Messi, elegido además como el mejor jugador del torneo. La imagen parecía cerrar una de las historias más poderosas del deporte contemporáneo.

Cuatro años más tarde, durante el Mundial de 2026, aquella misma historia comenzó a ser presentada de una manera completamente diferente.

Messi ya no aparecía solamente como el campeón que intentaba defender su título. En miles de publicaciones era descrito como el beneficiario de un sistema organizado para protegerlo. Argentina ya no era únicamente una selección competitiva: se había convertido, para una parte de Internet, en la representación de un fútbol supuestamente manipulado por FIFA, los árbitros y los intereses comerciales.

La transformación fue suficientemente visible como para que incluso la cobertura internacional registrara el contraste entre las celebraciones argentinas y el resentimiento alimentado en redes sociales por acusaciones de favoritismo institucional.

El artículo publicado por Rosie en X bajo el título Why everyone suddenly hates Messi: a propaganda breakdown tomó ese cambio como punto de partida. Su tesis era provocadora: el sentimiento antiargentino no podía entenderse solamente como la suma accidental de rivalidades deportivas, sino como el resultado de técnicas reconocibles de construcción narrativa, propaganda y amplificación digital.

La pregunta, entonces, no es únicamente por qué Argentina comenzó a generar rechazo.

La pregunta es otra:

¿cuánto de ese rechazo fue espontáneo y cuánto fue deliberadamente producido, organizado y amplificado?

La evidencia disponible permite sostener una respuesta más firme que la prudencia habitual:

La narrativa contra Argentina no fue completamente espontánea. Contuvo acciones organizadas, piezas fabricadas, campañas estructuradas y operaciones deliberadas. Esas intervenciones fueron posteriormente amplificadas por comunidades reales, creadores oportunistas, medios digitales y algoritmos de recomendación.

No está probado que toda la conversación respondiera a un único “centro de comando”.

Pero tampoco es razonable describirla como una simple reacción orgánica de millones de usuarios independientes.


Coordinación no es lo mismo que atribución

Para analizar correctamente el fenómeno es necesario separar dos conceptos.

La coordinación existe cuando varios actores, cuentas o infraestructuras actúan de manera alineada para instalar, reforzar o distribuir una narrativa.

La atribución exige algo más: identificar quién organiza la operación, quién la financia, quién administra las cuentas y qué relación existe entre sus distintos componentes.

Es posible detectar indicios sólidos de coordinación sin haber alcanzado todavía una atribución completa.

En investigaciones sobre comportamiento inauténtico coordinado, Meta define estas operaciones como esfuerzos organizados destinados a manipular el debate público mediante identidades o cuentas engañosas. Su metodología se concentra principalmente en el comportamiento de las redes —quién administra las cuentas, cómo se relacionan y cómo distribuyen contenido— y no solo en la veracidad individual de cada mensaje.

Esa definición es deliberadamente restrictiva. Para etiquetar técnicamente una operación como Coordinated Inauthentic Behavior sería necesario disponer de información que generalmente solo poseen las plataformas:

  • direcciones de acceso;
  • dispositivos compartidos;
  • administradores comunes;
  • pagos publicitarios;
  • cuentas vinculadas;
  • horarios de publicación;
  • patrones de automatización;
  • y relaciones entre infraestructuras.

El público no posee ese nivel de acceso.

Pero la ausencia de atribución técnica completa no convierte automáticamente al fenómeno en espontáneo.

En este caso, existen hechos que demuestran que al menos una parte de la campaña fue deliberada: alguien creó material falso, alguien organizó plataformas de movilización, alguien manipuló fuentes abiertas y alguien accedió ilegalmente a comunicaciones oficiales.

La discusión no debería ser si hubo o no intervención.

La discusión debería ser qué extensión tuvo, cuántos núcleos participaron y cómo consiguieron que sus contenidos fueran adoptados por usuarios reales.


La hipótesis puramente espontánea no alcanza

Una rivalidad deportiva orgánica puede explicar insultos, provocaciones, memes o acusaciones exageradas después de un partido.

No explica por sí sola una combinación de:

  • documentos falsificados;
  • comunicaciones enviadas desde cuentas oficiales comprometidas;
  • videos e imágenes manipulados;
  • modificación deliberada de fuentes públicas;
  • campañas web organizadas;
  • marcos narrativos repetidos;
  • y activaciones masivas inmediatamente posteriores a episodios arbitrales.

La existencia de estas acciones no demuestra que cada publicación crítica haya sido parte de la misma operación.

Pero sí invalida una explicación basada exclusivamente en la espontaneidad.

Lo que aparece es una arquitectura híbrida: núcleos deliberados producen o legitiman la narrativa; actores orgánicos la convierten en un fenómeno de masas.


Primera etapa: instalar el marco antes de que lleguen los nuevos hechos

Toda campaña narrativa necesita una explicación sencilla que permita interpretar acontecimientos futuros.

En este caso, el marco central puede resumirse así:

FIFA necesita que Messi gane. Por lo tanto, cualquier decisión que favorezca a Argentina forma parte de un plan.

Esta formulación es mucho más poderosa que una crítica arbitral convencional.

Un error arbitral es un acontecimiento limitado. Puede analizarse mediante imágenes, reglas, antecedentes y decisiones comparables.

Una teoría conspirativa conecta todos los acontecimientos dentro de una explicación total.

Cada penal se convierte en evidencia.

Cada expulsión refuerza la sospecha.

Cada clasificación confirma el relato original.

Incluso una decisión contraria a Argentina puede incorporarse como una maniobra para disimular el supuesto favoritismo.

La teoría deja de depender de una jugada particular.

Se convierte en un sistema interpretativo.

Durante Qatar 2022, Argentina recibió cinco penales. El dato era real y excepcional. Sin embargo, la acumulación comenzó a utilizarse como sustituto del análisis individual de cada acción.

Cinco decisiones distintas fueron convertidas en una sola prueba narrativa:

“No puede ser casualidad.”

El marco ya estaba construido.

Solo necesitaba nuevos acontecimientos para reactivarse.


Segunda etapa: seleccionar hechos verdaderos y convertirlos en evidencia total

Las campañas más eficaces rara vez se basan exclusivamente en mentiras absolutas.

Trabajan con acontecimientos reales:

  • un penal discutible;
  • una intervención del VAR;
  • una expulsión;
  • una declaración polémica;
  • una investigación institucional;
  • una fotografía;
  • una estadística.

Después modifican su contexto.

Una jugada puede mostrarse desde un único ángulo.

Un video puede comenzar dos segundos después de la infracción original.

Una repetición puede ralentizar selectivamente un contacto.

Una imagen auténtica puede acompañarse con un texto falso.

Una decisión reglamentaria discutible puede presentarse como prueba directa de corrupción.

El hecho sigue siendo reconocible.

La interpretación cambia.

Por eso este tipo de contenido resulta más resistente que una falsificación completa: conserva suficiente relación con la realidad para parecer verificable.

La desinformación no siempre necesita inventar.

A veces le alcanza con seleccionar, recortar y conectar.


El Mundial de 2026: el momento de activación

La narrativa encontró su principal punto de activación después del partido de octavos de final entre Argentina y Egipto.

Egipto llegó a estar 2-0 arriba, pero Argentina revirtió el encuentro y ganó 3-2. Tras la eliminación, el entrenador Hossam Hassan cuestionó las decisiones arbitrales y sugirió públicamente que podía existir un interés por mantener a los campeones y a Messi en competencia. La Federación Egipcia también emitió un comunicado cuestionando la consistencia, transparencia y equidad del arbitraje.

La crítica institucional era legítima como posición de una federación perjudicada.

Pero funcionó también como legitimador de un marco que ya circulaba.

La acusación dejó de provenir exclusivamente de cuentas anónimas.

Ahora contaba con la voz de un entrenador nacional, una asociación de fútbol y comentaristas internacionales.

A partir de ese momento, cada nuevo episodio comenzó a ser interpretado dentro de la misma estructura.

En cuartos de final, el delantero suizo Breel Embolo fue expulsado después de una intervención del VAR basada en una aplicación controvertida de la regla de “identidad equivocada”. El entrenador Murat Yakin y futbolistas suizos cuestionaron duramente la decisión, que dejó a Suiza con diez jugadores durante buena parte del encuentro.

La discusión arbitral era real.

Sin embargo, dentro de la narrativa previa, el acontecimiento adquirió un significado adicional:

no era solamente otra decisión controvertida;

era “otra prueba” de que Argentina estaba siendo protegida.

El marco había comenzado a funcionar como una máquina.

Cada hecho nuevo ingresaba por un extremo y salía convertido en confirmación.


La evidencia de intervención deliberada

Hasta aquí podría argumentarse que nos encontramos frente a una interpretación exagerada de acontecimientos deportivos auténticos.

Pero la evidencia no termina allí.

Durante el torneo se registraron acciones que excedieron claramente la discusión espontánea entre hinchas.

La falsificación de una identidad

Después del partido contra Egipto, la página de Wikipedia del árbitro François Letexier fue modificada para identificarlo falsamente como judío. La alteración fue utilizada para alimentar teorías antisemitas que vinculaban el resultado del partido con el apoyo de Hossam Hassan a Palestina.

Modificar deliberadamente una fuente pública para insertar una identidad falsa no es una reacción emocional ordinaria.

Es una intervención informativa.

Alguien tuvo que realizarla.

Alguien comprendió qué asociación política y religiosa podía activar.

Y otras cuentas transformaron esa alteración en contenido.

Material sintético y manipulado

También circularon imágenes y videos generados o alterados con inteligencia artificial alrededor del torneo. Parte de ese material explotaba tensiones raciales, religiosas y geopolíticas que trascendían por completo el fútbol. Las piezas no se limitaban a exagerar jugadas: fabricaban acontecimientos, declaraciones y escenas inexistentes para insertarlas dentro de conflictos ya polarizados.

Crear una imagen falsa no es espontáneo en el mismo sentido que publicar un comentario enojado.

Requiere una decisión.

Requiere seleccionar un objetivo.

Requiere construir un mensaje.

Y, cuando varias piezas apuntan hacia el mismo marco, surge una pregunta razonable sobre la existencia de actores que no están limitándose a reaccionar, sino que están produciendo material operativo.

El ataque a las comunicaciones de la AFA

El episodio más grave fue el ataque informático contra la Asociación del Fútbol Argentino.

Según la reconstrucción periodística citada por The Guardian, atacantes lograron utilizar cuentas oficiales para enviar correos falsos en los que la institución supuestamente admitía la existencia de decisiones arbitrales corruptas.

Este hecho modifica sustancialmente el análisis.

Ya no estamos hablando de un meme, un recorte tendencioso o una interpretación exagerada.

Estamos hablando de una operación destinada a fabricar evidencia y distribuirla desde una infraestructura legítima.

El objetivo era evidente: producir una aparente confesión institucional capaz de validar todas las sospechas anteriores.

Eso no surge por generación espontánea.

Es una acción planificada.

Puede no estar conectada con cada cuenta que difundió posteriormente la acusación, pero demuestra que dentro del ecosistema existían actores dispuestos a intervenir deliberadamente para convertir una narrativa en una aparente realidad documental.

Una campaña con infraestructura propia

También surgió una campaña digital destinada a exigir la exclusión de Argentina.

El sitio Argentina Out presentó publicaciones, argumentos, encuestas y un contador de adhesiones. Después de la final, el propio sitio aclaró que el número exhibido no representaba un total verificado de firmas, sino un contador público de campaña. Esa advertencia es importante porque impide tratar la cifra como una medición confiable de apoyo real.

Sin embargo, el dato relevante no es solamente la cantidad.

Es la existencia de una infraestructura organizada:

  • un dominio propio;
  • una identidad visual;
  • contenidos ordenados;
  • llamados a la acción;
  • encuestas;
  • mecanismos de difusión;
  • y un objetivo político-deportivo explícito.

Eso es una campaña.

Podrá ser independiente, descentralizada o impulsada por aficionados, pero no es simplemente una suma accidental de comentarios.


Una campaña híbrida

La evidencia disponible conduce a una hipótesis más sólida que los dos extremos habituales.

No parece haber sido una reacción completamente espontánea.

Tampoco está demostrado que una única organización haya controlado todo el ecosistema.

La interpretación más consistente es la de una campaña híbrida.

En ella conviven distintos niveles de participación.

1. Los productores

Son los actores que crean las piezas iniciales:

  • documentos falsos;
  • montajes;
  • videos manipulados;
  • hashtags;
  • sitios web;
  • acusaciones;
  • paquetes gráficos;
  • y marcos interpretativos.

Su tarea no consiste necesariamente en alcanzar millones de personas.

Consiste en producir el material que otros podrán distribuir.

2. Los legitimadores

Son figuras, medios, instituciones o cuentas con credibilidad que convierten una acusación marginal en una posibilidad discutible.

Una declaración de un entrenador.

Un comunicado federativo.

Un periodista que plantea una pregunta insinuante.

Un exárbitro que habla de inconsistencia.

Un dirigente que cuestiona a FIFA.

No todos forman parte de una operación.

Pueden estar expresando críticas auténticas.

Pero sus intervenciones proporcionan autoridad narrativa a contenidos producidos por actores menos confiables.

3. Los amplificadores organizados

Son redes de cuentas que publican, comentan o comparten materiales similares en momentos estratégicos.

Para demostrar técnicamente su coordinación sería necesario realizar análisis de horarios, grafos, repeticiones textuales y administración compartida.

La información pública disponible no permite atribuir de forma concluyente todas esas redes.

Pero la existencia de falsificaciones, infraestructura de campaña y sabotaje informativo justifica investigar esa hipótesis, en lugar de asumir que cada ola surgió de manera independiente.

4. Los oportunistas

Son creadores que no necesitan creer en la acusación.

La utilizan porque funciona.

Observan que los videos sobre “el robo de Argentina” generan más comentarios que el análisis táctico. Copian el título, el formato, la música, las flechas y la conclusión.

No reciben instrucciones.

Responden al incentivo económico.

Pero su participación multiplica el alcance de las piezas iniciales y dificulta distinguir entre coordinación deliberada e imitación oportunista.

5. Los usuarios orgánicos

Finalmente aparecen millones de personas reales.

Hinchas de selecciones eliminadas.

Seguidores de Cristiano Ronaldo.

Usuarios que desconfían de FIFA.

Comunidades políticas o religiosas activadas por las piezas manipuladas.

Defensores de Argentina que comparten el material para denunciarlo.

Estas personas no forman parte necesariamente de ninguna operación.

Pero convierten una intervención inicial en un fenómeno social.

La campaña puede comenzar coordinada y terminar distribuida orgánicamente.


No hace falta coordinar a millones

Este punto es central.

Para generar una percepción masiva no es necesario controlar a todos los participantes.

Solo es necesario influir en las primeras etapas del ciclo:

  1. seleccionar el acontecimiento;
  2. imponer el marco;
  3. producir las piezas;
  4. activar cuentas o comunidades predispuestas;
  5. lograr que la reacción orgánica haga el resto.

Una cantidad limitada de actores puede establecer la narrativa inicial.

Después, los incentivos de la plataforma reemplazan parte de la coordinación humana.

Los usuarios imitan lo que funciona.

Los creadores buscan monetización.

Los medios buscan clics.

Los defensores responden.

El algoritmo distribuye.

La operación deja de necesitar un control central permanente.

Se convierte en un proceso autosostenido.


Por qué el odio se distribuye mejor

La campaña no habría alcanzado la misma escala sin un entorno tecnológico y psicológico favorable.

La ventaja de la falsedad

Vosoughi, Roy y Aral analizaron aproximadamente 126.000 cascadas informativas difundidas por cerca de tres millones de personas en Twitter entre 2006 y 2017.

Encontraron que la información falsa se propagaba más lejos, más rápido, con mayor profundidad y hacia más usuarios que la verdadera. Las falsedades fueron aproximadamente un 70 % más propensas a ser retuiteadas y alcanzaron a 1.500 personas cerca de seis veces más rápido. La diferencia persistió incluso al retirar a los bots del análisis.

Este resultado no debe generalizarse mecánicamente a todas las plataformas.

No significa que cualquier acusación sobre Argentina viaje exactamente seis veces más rápido.

Demuestra algo más importante: la falsedad puede poseer una ventaja estructural de distribución porque ofrece novedad, sorpresa y contenido emocional.

La emoción moral

Brady y sus colegas analizaron más de medio millón de mensajes relacionados con debates políticos polarizados. Encontraron que la incorporación de lenguaje moral-emocional estaba asociada con aumentos significativos en la difusión dentro de las redes estudiadas.

Palabras como:

robo;

fraude;

mafia;

corrupción;

vergüenza;

justicia;

no se limitan a describir una jugada.

La convierten en una batalla moral.

Una discusión reglamentaria exige contexto.

La acusación de “robo” exige elegir un bando.

El enemigo genera interacción

Rathje, Van Bavel y van der Linden analizaron más de 2,7 millones de publicaciones en Facebook y Twitter. Encontraron que las referencias hostiles al grupo rival eran un predictor especialmente fuerte de la difusión y de las reacciones de enojo.

Este mecanismo encaja con precisión en el caso argentino.

El contenido más rentable no dice solamente:

“El árbitro aplicó mal el reglamento.”

Dice:

“Los argentinos siempre roban.”

La primera afirmación discute un acontecimiento.

La segunda construye un grupo enemigo.

Y los grupos enemigos generan identidad, pertenencia y participación.

La repetición se convierte en familiaridad

El efecto de verdad ilusoria describe cómo una afirmación repetida puede resultar más creíble simplemente porque se vuelve más fácil de procesar.

Fazio y sus colegas demostraron que el conocimiento previo no elimina completamente ese efecto. Pennycook, Cannon y Rand observaron además que la exposición anterior a titulares falsos podía incrementar posteriormente su percepción de exactitud, incluso una semana después.

La campaña no necesita demostrar cada acusación.

Necesita repetir asociaciones:

Argentina → penales.

Messi → FIFA.

Victoria → sospecha.

Árbitro → corrupción.

Cuando esas conexiones se vuelven familiares, cada acontecimiento nuevo parece confirmar algo que el usuario siente que ya sabía.


El papel del algoritmo

Decir que “el algoritmo odia a Argentina” sería incorrecto.

Los sistemas de recomendación no necesitan tener una ideología propia.

Necesitan predecir qué contenido generará una acción:

  • detenerse;
  • comentar;
  • compartir;
  • responder;
  • volver a mirar;
  • enviar el video;
  • permanecer en la plataforma.

La intención detrás de la interacción importa poco para la métrica.

Una persona comparte una acusación porque cree que es cierta.

Otra la comparte para denunciarla.

Ambas aumentan su distribución.

Estudios recientes sobre sistemas de ranking basados en engagement encontraron que, frente a una cronología inversa, estos sistemas pueden amplificar contenido emocionalmente cargado y hostil hacia grupos rivales, incluso cuando los propios usuarios dicen que ese contenido empeora su percepción del adversario.

Por eso la campaña híbrida es tan eficaz.

Los actores iniciales solo necesitan producir material con alto potencial emocional.

La plataforma se ocupa de encontrar a las personas más susceptibles de reaccionar.


Dos bandos, una misma infraestructura

Imaginemos dos usuarios.

El primero ve una publicación que afirma:

“Messi compró el Mundial.”

La comparte porque está de acuerdo.

El segundo la comparte indignado para demostrar que existe una campaña contra Argentina.

Los dos creen estar enfrentados.

Desde la perspectiva de la plataforma, generan resultados semejantes:

  • más comentarios;
  • más tiempo de pantalla;
  • más datos;
  • más visualizaciones;
  • más ingresos publicitarios.

La operación inicial y la defensa posterior terminan utilizando la misma infraestructura de distribución.

El atacante produce la pieza.

El defensor puede ayudar a viralizarla.

Esta es una de las paradojas de la desinformación contemporánea:

combatir una acusación sin una estrategia de distribución puede contribuir a instalarla.


Argentina como objetivo narrativo

No cualquier selección podía ocupar ese lugar.

Argentina reunía condiciones especialmente favorables.

Era campeona del mundo.

Tenía al jugador más conocido de su generación.

Poseía una hinchada digital masiva.

Había recibido cinco penales en Qatar.

Sus jugadores tenían una identidad competitiva, emocional y provocadora.

Sus triunfos afectaban rivalidades nacionales, comerciales y personales construidas durante décadas.

Messi representaba algo más que un futbolista.

Representaba un veredicto histórico.

Su victoria en Qatar parecía cerrar la discusión sobre su legado.

Para quienes habían construido parte de su identidad alrededor de la conclusión contraria, la teoría de la conspiración ofrecía una salida psicológica:

Messi no había completado la mayor carrera del fútbol.

El sistema había decidido coronarlo.

La conspiración permitía conservar intacta la creencia anterior.

Argentina como proxy de Israel

Durante el Mundial de 2026, la narrativa contra Argentina dejó de ser exclusivamente futbolística. Para una parte de las comunidades digitales, la Selección comenzó a funcionar como un proxy simbólico de Israel: un sustituto visible sobre el cual proyectar un conflicto político y emocional que ocurría fuera de la cancha.

Esta asociación quedó especialmente expuesta antes de la final contra España. La Jewish Telegraphic Agency describió el encuentro como una representación indirecta del conflicto israelí-palestino y documentó publicaciones que presentaban a Argentina como el equipo asociado con Israel, mientras España era adoptada por sectores propalestinos. Algunas de esas publicaciones llegaron incluso a conectar el supuesto favoritismo hacia Messi con teorías conspirativas y discursos antisemitas. https://www.jta.org/2026/07/17/sports/why-argentina-and-spains-world-cup-final-has-become-a-proxy-for-the-israeli-palestinian-conflict

El respaldo público de Benjamin Netanyahu a la Selección reforzó esa interpretación. Paralelamente, en Gaza y en otras comunidades propalestinas, España fue recibida como una representación simbólica de solidaridad con Palestina. The Guardian documentó que la identificación con el equipo español trascendió el fútbol y convirtió su victoria en un acontecimiento con significado político para parte de la población palestina. https://www.jta.org/2026/07/17/sports/why-argentina-and-spains-world-cup-final-has-become-a-proxy-for-the-israeli-palestinian-conflict

La consecuencia fue una fusión narrativa. Las acusaciones deportivas que ya circulaban —«FIFA protege a Messi», «Argentina gana con ayuda arbitral»— quedaron conectadas con uno de los conflictos más polarizantes de la conversación global. Desde entonces, atacar a Argentina ya no requería una rivalidad futbolística previa: alcanzaba con verla como representante circunstancial de Israel. https://www.timesofisrael.com/argentina-and-spains-world-cup-final-becomes-a-proxy-for-the-israel-palestinian-conflict

Esta asociación no necesariamente demuestra que Netanyahu, el gobierno israelí o una organización israelí hayan diseñado la campaña. Sí ayuda a explicar cómo el rechazo pudo expandirse hacia públicos que originalmente no tenían ningún conflicto con Messi ni con la Selección. Argentina comenzó a recibir, por delegación, una parte de la hostilidad dirigida contra Israel.

Argentina ya no era cuestionada solamente por lo que ocurría dentro de la cancha. Había sido incorporada a una guerra narrativa global en la que representaba algo mucho más grande —y mucho más polarizante— que un equipo de fútbol.


El odio necesita una institución poco confiable

La campaña no se desarrolló en el vacío.

FIFA arrastra una historia real de corrupción y opacidad. En 2015, el Departamento de Justicia de Estados Unidos acusó a dirigentes y ejecutivos vinculados al fútbol internacional de participar en un esquema de sobornos, fraude y lavado de dinero extendido durante décadas.

Durante el Mundial de 2026, la credibilidad de la organización volvió a ser cuestionada por decisiones controvertidas. Entre ellas estuvo la reversión de la suspensión del estadounidense Folarin Balogun después de una intervención política reconocida públicamente, una decisión que UEFA calificó de incomprensible e injustificable, según la cobertura contemporánea.

Nada de esto demuestra que FIFA haya preparado un Mundial para Messi.

Pero reduce el costo psicológico de creerlo.

Una institución confiable recibe el beneficio de la duda.

Una institución desacreditada convierte cada ambigüedad en sospecha.

Las campañas más efectivas no construyen sus relatos completamente desde cero.

Se apoyan en problemas verdaderos y los utilizan para justificar conclusiones que la evidencia disponible no permite alcanzar.

La manipulación más resistente contiene una porción de realidad.

Su poder reside en cuánto logra estirarla.


Del arbitraje al odio nacional

En el fútbol siempre existieron discusiones arbitrales.

La diferencia actual es la velocidad con la cual una jugada puede convertirse en un juicio moral sobre un país entero.

La acusación deja de ser:

“El árbitro se equivocó.”

Y pasa a ser:

“Argentina roba.”

El sujeto cambia.

La responsabilidad ya no recae sobre una decisión, un árbitro o una institución.

Recae sobre una selección, una hinchada, una cultura y una identidad nacional.

A partir de allí, cualquier comportamiento puede utilizarse como confirmación:

si los argentinos celebran, son arrogantes;

si protestan, son tramposos;

si ganan, fueron favorecidos;

si responden, son violentos;

si callan, esconden su culpa.

El marco se vuelve imposible de falsar.

Ya no necesita demostrar qué ocurrió en una jugada.

Necesita preservar una división moral:

nosotros somos las víctimas; ellos representan la corrupción.

Ese es el punto en el cual una campaña contra decisiones deportivas se transforma en una arquitectura de odio.


La siguiente audiencia puede no ser humana

La campaña no termina en las personas que observan un video.

También puede afectar a los sistemas que utilizan Internet como fuente de conocimiento.

Una acusación aparece en una red social.

Después se convierte en videos, artículos, blogs y publicaciones.

Los buscadores indexan esas páginas.

Los sistemas de recuperación las incorporan a sus bases.

Los asistentes de inteligencia artificial pueden encontrarlas al responder consultas.

La narrativa deja de ser solamente contenido.

Se convierte en contexto.

Los sistemas de generación aumentada por recuperación —RAG— combinan un modelo lingüístico con documentos obtenidos desde una memoria o repositorio externo. Su respuesta depende, por lo tanto, no solo del modelo, sino también de la calidad de los documentos recuperados.

Si cien páginas repiten una afirmación nacida en una única fuente, un sistema puede encontrar abundancia sin encontrar verdadera diversidad.

La cantidad imita al consenso.

La duplicación parece corroboración.

La optimización para buscadores desplaza a la fuente primaria.

La investigación en seguridad ha demostrado que los conjuntos recopilados a escala web pueden ser envenenados deliberadamente. Carlini y sus colegas describieron ataques prácticos contra conjuntos de entrenamiento, mientras que trabajos posteriores demostraron que bases utilizadas por sistemas RAG también pueden ser manipuladas para alterar las respuestas de los modelos.

Esto no significa que cada publicación contra Messi vaya a modificar automáticamente un modelo de lenguaje.

Los procesos de entrenamiento, filtrado y recuperación varían entre sistemas.

La conclusión es más precisa:

el entorno informativo público también se ha convertido en una superficie de influencia sobre las máquinas que lo consultan.

La campaña del presente busca ocupar el feed.

La campaña del futuro buscará ocupar el contexto.


Entonces, ¿fue coordinado?

La respuesta rigurosa debe distinguir cuatro afirmaciones.

Está demostrado que existió una narrativa

Las acusaciones de favoritismo hacia Argentina y Messi fueron repetidas de forma masiva durante el torneo y alcanzaron publicaciones, campañas, medios y comunidades internacionales.

Está demostrado que existieron acciones deliberadas

La manipulación de la identidad del árbitro, la circulación de contenido sintético, la creación de infraestructura de campaña y el ataque contra las comunicaciones de la AFA no pueden describirse como simples reacciones espontáneas.

Existen indicios compatibles con amplificación coordinada

La reiteración de marcos, la activación inmediata tras controversias y la reutilización de materiales justifican una investigación de redes, sincronización y administración compartida.

Pero ese análisis forense todavía no ha sido publicado de manera suficiente para atribuir todas las cuentas o contenidos a una misma estructura.

No está demostrado un único actor central

La información pública no permite afirmar que todas las operaciones, cuentas, comunidades y campañas hayan respondido a una sola organización.

Es posible que hayan existido varios núcleos.

Algunos políticos.

Otros comerciales.

Otros identitarios.

Otros dedicados simplemente a producir engagement.

La ausencia de un único arquitecto no implica la ausencia de arquitectura.


La tesis

La conclusión central de este análisis puede formularse así:

El rechazo digital contra Argentina no fue un fenómeno completamente espontáneo. La evidencia muestra intervenciones deliberadas, falsificaciones, sabotaje informativo y campañas organizadas que ayudaron a instalar y legitimar una narrativa de favoritismo y corrupción. Esas acciones fueron amplificadas posteriormente por rivalidades auténticas, comunidades polarizadas, creadores oportunistas, medios digitales y sistemas de recomendación basados en engagement.

La campaña fue coordinada en algunas de sus capas.

Orgánica en otras.

Algorítmica en su distribución.

Y emergente en su resultado final.

Ese modelo explica por qué una cantidad relativamente pequeña de actores puede influir sobre millones de personas sin necesidad de dirigirlas individualmente.

No se coordina a toda la multitud.

Se diseña la chispa, se selecciona el combustible y se deja que la infraestructura haga el resto.


La arquitectura del odio

La campaña no comenzó con una gran mentira.

Comenzó con elementos pequeños que podían conectarse entre sí.

Un penal.

Una estadística.

Una institución desacreditada.

Una rivalidad histórica.

Un clip recortado.

Una declaración.

Después aparecieron las piezas fabricadas.

Las identidades falsas.

Los videos sintéticos.

La campaña web.

El sabotaje informático.

Luego llegaron los usuarios reales.

Los creadores.

Los medios.

Los defensores.

Y finalmente el algoritmo.

La coordinación produjo parte del material.

La emoción produjo la participación.

La plataforma produjo la escala.

La repetición produjo familiaridad.

Y la familiaridad comenzó a sentirse como verdad.

Ese es el momento en el cual una campaña deja de percibirse como una campaña.

Se transforma en realidad social.


Conclusión: la batalla por el contexto

Durante décadas, la preocupación central fue quién controlaba los medios de comunicación.

Hoy la pregunta es más compleja:

¿quién controla el contexto desde el cual interpretamos los hechos?

La verdad ya no compite solamente contra la mentira.

Compite contra materiales más breves.

Mensajes más emocionales.

Campañas deliberadas.

Comunidades movilizadas.

Contenido sintético.

Incentivos económicos.

Y sistemas de distribución que no fueron diseñados para premiar la precisión.

La arquitectura del odio no necesita convencer a todos.

Le alcanza con instalar asociaciones suficientemente fuertes.

No necesita demostrar que Argentina compró un Mundial.

Le basta con conseguir que cada penal active una sospecha.

No necesita probar que Messi es un fraude.

Le basta con convertir esa acusación en una posibilidad socialmente disponible.

En diciembre de 2022, millones de personas observaron a Messi levantar la Copa y vieron el cierre perfecto de una historia.

Cuatro años más tarde, otras personas miraban aquellas mismas imágenes y encontraban la prueba de una conspiración.

Los partidos quedaron registrados.

La Copa no cambió.

Lo que cambió fue el sistema que selecciona, recorta, fabrica, distribuye y repite los significados asociados a esos hechos.

El mayor producto de las redes sociales no son los videos.

Es la percepción de la realidad.

Y en esa disputa, Argentina no fue solamente un equipo de fútbol.

Fue el objetivo de una campaña.


Metodología

El presente artículo adopta un enfoque cualitativo, exploratorio y basado en triangulación documental.

El análisis combina cuatro tipos de fuentes:

  1. Fuente primaria digital: el artículo publicado por Rosie en X, utilizado como disparador conceptual y caso inicial, no como demostración empírica independiente.
  2. Documentación contemporánea del caso: investigaciones periodísticas, declaraciones federativas, registros de campañas digitales y cobertura de los acontecimientos del Mundial de 2026.
  3. Literatura científica revisada por pares: estudios sobre difusión de falsedades, contagio moral-emocional, hostilidad hacia grupos rivales, cámaras de eco y efecto de verdad ilusoria.
  4. Literatura técnica e institucional: definiciones sobre comportamiento inauténtico coordinado, sistemas RAG y envenenamiento de conjuntos de datos.

Las afirmaciones sobre acontecimientos concretos se presentan con respaldo documental. Las conclusiones sobre la existencia de una campaña híbrida corresponden a una inferencia analítica basada en la convergencia de acciones deliberadas, infraestructuras organizadas y mecanismos conocidos de amplificación.


Alcances y limitaciones

Este trabajo no dispone de acceso a datos internos de X, Meta, TikTok, YouTube o Telegram.

Tampoco cuenta con:

  • registros de administradores;
  • direcciones IP;
  • compras publicitarias;
  • transferencias financieras;
  • identificadores de dispositivos;
  • contratos con agencias;
  • ni información forense completa sobre el ataque a la AFA.

Por ello, no es posible atribuir la totalidad del ecosistema a un único actor.

Para avanzar hacia una atribución técnica sería necesario realizar:

  • análisis temporal de publicaciones;
  • detección de textos repetidos;
  • identificación de secuencias de hashtags;
  • estudio de grafos de retuits y menciones;
  • análisis de cuentas creadas en períodos similares;
  • detección de automatización;
  • comparación lingüística entre idiomas;
  • trazabilidad de dominios;
  • investigación financiera;
  • y análisis forense de infraestructura.

La evidencia disponible permite descartar que todo haya sido espontáneo.

No permite todavía establecer quién coordinó cada componente ni si existió una cadena de mando única.


Referencias bibliográficas

Brady, W. J., Wills, J. A., Jost, J. T., Tucker, J. A., & Van Bavel, J. J. (2017). Emotion shapes the diffusion of moralized content in social networks. Proceedings of the National Academy of Sciences, 114(28), 7313–7318.

Carlini, N., Jagielski, M., Choquette-Choo, C. A., et al. (2024). Poisoning Web-Scale Training Datasets Is Practical. IEEE Symposium on Security and Privacy.

Cinelli, M., De Francisci Morales, G., Galeazzi, A., Quattrociocchi, W., & Starnini, M. (2021). The echo chamber effect on social media. Proceedings of the National Academy of Sciences, 118(9), e2023301118.

Fazio, L. K., Brashier, N. M., Payne, B. K., & Marsh, E. J. (2015). Knowledge does not protect against illusory truth. Journal of Experimental Psychology: General, 144(5), 993–1002.

Lewis, P., Perez, E., Piktus, A., et al. (2020). Retrieval-Augmented Generation for Knowledge-Intensive NLP Tasks. Advances in Neural Information Processing Systems, 33, 9459–9474.

Pennycook, G., Cannon, T. D., & Rand, D. G. (2018). Prior exposure increases perceived accuracy of fake news. Journal of Experimental Psychology: General, 147(12), 1865–1880.

Rathje, S., Van Bavel, J. J., & van der Linden, S. (2021). Out-group animosity drives engagement on social media. Proceedings of the National Academy of Sciences, 118(26), e2024292118.

Vosoughi, S., Roy, D., & Aral, S. (2018). The spread of true and false news online. Science, 359(6380), 1146–1151.

Zou, W., Geng, R., Wang, B., & Jia, J. (2025). PoisonedRAG: Knowledge Corruption Attacks to Retrieval-Augmented Generation of Large Language Models. 34th USENIX Security Symposium.


Fuentes

FIFA. (2022). Argentina le ganó por penales a Francia y se consagró campeón del mundo.

Meta. (2021). Coordinated Inauthentic Behavior Report.

Rosie [@therosieum]. (2026). Why everyone suddenly hates Messi: A propaganda breakdown.

United States Department of Justice. (2015). Nine FIFA Officials and Five Corporate Executives Indicted for Racketeering Conspiracy and Corruption.

Zidan, K. (2026). VAR “fixes”, AI slop and perpetual outrage: The World Cup in the age of conspiracy. The Guardian.